Andullo, un proceso que imprime fuerza y sabor al tabaco

Hay una frase que se suele aplicar a diversos sectores e, incluso, ámbitos de la vida: si algo funciona, no lo cambies. Esta máxima podría servir para el proceso tabacalero más antiguo de República Dominicana, el Andullo. Heredado de los antepasados de los dominicanos, este procedimiento artesanal ha perdurado a lo largo del tiempo por las excelentes características que obtiene el tabaco: gran fortaleza y aroma embriagador.

La Aurora Cigars ha querido recoger ese legado cultural y lo emplea en uno de sus últimos cigarros: La Aurora ADN Dominicano. Para la siembra del tabaco que La Aurora Cigars emplea en este método, se seleccionan semillas de variedades originarias de República Dominicana y se escogen las tierras donde se van a cultivar. Cuando la planta del tabaco está lista, comienza la técnica del Andullo, que suele durar un año y consta de las siguientes fases:

  • Recolección: se eliminan las primeras seis hojas de la parte inferior de la planta y sólo se emplean las hojas desde el centro medio alto hasta la corona. Son las que aportan ese grado de fortaleza, sabor y aroma que ofrece el tabaco del Andullo en la fumada.
  • Curado: el tabaco se ata con sartas, que son cuerdas que contienen los manojos de hojas, también llamados gavillas. Se disponen múltiples gavillas –entre 55 y 60 manojos– formando las sartas, con una longitud de tres metros. Se cuelgan las sartas en las casas de curado durante dos semanas para que las hojas adquieran más flexibilidad a la hora del despalillado y se doblen con facilidad, adaptándose a la forma cilíndrica del Andullo. El tabaco pasa de verde a amarillo.
  • Despalillado: se bajan las sartas y se despalillan las hojas, con la extracción de ¾ partes de la vena central de la hoja. Entonces, se pesa el tabaco, siendo la cantidad ideal para el Andullo de entre 30 y 32 libras (de 13,5 a 14,5 kilogramos, aproximadamente).
  • Confección: se coloca el tabaco en yaguas –hojas del árbol de la Palma Real, típica de las Antillas Mayores–, con un tamaño de entre 1,5 a 2 metros. La propia yagua facilita los procesos de curación y fermentación, ya que al ser un material orgánico permite la transpiración del tabaco.
  • Amoldamiento: se pone el tabaco en el interior de la yagua y se enrolla, comenzando la fase de apretado o prensado para facilitar su fermentación y curación. Una vez enrollado el tabaco dentro de la yagua, se aprieta mediante el uso de sogas que lo sujetan. Se necesitan al menos cinco apretadas hasta que el tabaco se seca por completo. Si en algún momento del proceso se daña la yagua, se sustituye.
    Entre la primera y la segunda apretada, pasan unas tres semanas, aunque es posible desatarlo antes si se detecta que posee mucha humedad, ya que el tabaco presentaría manchas por exceso de agua. En la segunda apretada, se verifica el proceso de fermentación, la cantidad de agua y las mieles procedentes de los aceites de la yagua.
    A partir de la segunda apretada, se desata y se aprieta de nuevo, una vez al mes hasta completar esas cinco apretadas. En esta fase, el tabaco recibe oxígeno y se va compactando. Las apretadas facilitan que la curación y la fermentación sean homogéneas. En estos procesos no se genera calor, sino que es en frío.
  • Añejamiento: tras la última apretada, comienza el añejamiento, en el que el tabaco termina de secarse y se asientan las características de sabor y fortaleza. El resultado es una pasta dura de trabajar, que se puede emplear para mascar, fumar en pipa o para cigarros.

 

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