Cigarro dominicano premium

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De la planta al cigarro: los procesos de la hoja de tabaco

Como todos los buenos productos, las hojas de tabaco también necesitan un tiempo prolongado desde que se cosechan de la planta hasta que llegan al cigarro. La hoja fresca, verde y húmeda que se recoge del campo en el que se cultivan las plantas de tabaco, debe pasar una serie de procesos para adquirir el color, la textura y la humedad requeridas para formar parte de un cigarro, así como los aromas y sabores que se sienten en la fumada.

Cosechar una planta de tabaco lleva alrededor de un mes, desde que se inicia el primer corte hasta que se recolecta la última hoja. En ella, el agricultor va recogiendo las hojas desde los pisos inferiores de la planta hasta el superior, si las condiciones meteorológicas lo permiten, según explica el Brand Ambassador de La Aurora, Wascar Aracena.

Los pasos que sigue una hoja de tabaco desde que se cosecha la planta hasta terminar en los puros son:

  • Curado: mientras se va recolectando el tabaco en el campo, se va llevando a un rancho, donde se atan o amarran en los cujes o sartas con hilos de diferentes colores para identificar el corte al cual corresponde el piso foliar para el proceso de curado. El curado necesita de 40 a 50 días dependiendo de la variedad de tabaco. Hay tres factores que entran en juego: la humedad, la temperatura y la velocidad del aire, con los que se va jugando moviendo los cujes o las sartas para que el aire actúe en el curado.
    Cuando las hojas son llevadas al rancho de curación las hojas llevan entre un 80% y un 85% de agua. Esta humedad es importante para iniciar el proceso de curado, ya que se aprovecha para el cambio de color verde de las hojas a amarillo. En la segunda etapa del proceso, se transforma el color amarillo a color marrón y la última etapa del proceso de curado es completamente física, donde se busca el secado del paño y las venas principales. Finalmente, el tabaco ya seco se somete a humedades y secado intermitentemente para uniformizar los colores del paño de la hoja.

  • Añejamiento pre- fermentativo (Tabaco en Rama): una vez que llega el tabaco a los almacenes de los procesadores, se somete a una separación por textura, clasificación por tamaño y deshidratación. Posteriormente, se somete al primer proceso de añejamiento (mínimo tres meses) previo a la fermentación antes del despalille. Durante este proceso de añejamiento, el tabaco adquiere la consistencia necesaria para soportar las humedades a las cuales se somete para el proceso de fermentación. 
  • Fermentación: es un proceso intenso y controlado con duración mínima de un año, donde el calor produce cambios importantes en la composición química de las hojas. Los almidones del tabaco verde se transforman en azúcares y se liberan nitrógenos amoniacales, haciendo fumable la hoja de tabaco. “Mientras más completa sea la fermentación, más equilibrada será la fumada”, dice el Brand Ambassador de La Aurora.
    Se desmontan las sartas y se van colocando en unos pilones, por pisos foliares bien identificados, una hoja contra la otra. El proceso de fermentación es totalmente natural. La combinación de la humedad de las hojas y la presión (densidad) de una hoja sobre otra en los pilones genera calor, que hace que se reproduzcan las bacterias encargadas de la fermentación. Este primer proceso dura unas seis semanas antes de que las hojas sean sometidas al despalille. El tabaco se puede fermentar 2, 3 y 4 veces.
  • Despalillado de la tripa: en las hojas de tabaco para la tripa se despalillan dos tercios desde la cabeza de la hoja hacia las puntas; mientras en el caso del capote, se despalilla la hoja eliminando el cien por cien de la vena principal. En ambos casos se rezagan (seleccionan y separan) por textura, por nivel de daño y se clasifican por tamaño grandes, medianas y pequeñas.
  • Añejamiento: normalmente, las hojas se colocan en pacas durante entre dos y cinco años. “Cuanto mejor es la técnica de añejamiento, mejor sabor y aroma desarrollará el tabaco”, apunta Aracena.

Como un cigarro tiene tres tipos de tabacos (tripa, capote y capa), cada una se maneja con humedades diferentes: la tripa tiene un 16-17 por ciento de humedad; el capote, del 16 al  17  por ciento; y la capa entre un 18 y un 20 por ciento. Lo que se busca en ese añejamiento es la homogeneización de las humedades, las cuales todavía se notan cuando se va quemando el cigarro al encenderlo: el tabaco quema de manera irregular, siendo la capa la que se quema más lentamente.

La Aurora es el único fabricante con un doble añejamiento en sus líneas Super Premium (barricas de ron). Para la elaboración de un cigarro Preferido se invierte una media de nueve años, con dos añejamientos. El segundo añejamiento es en barricas de roble que tuvieron ron en su interior, lo que da un toque característico a los productos de La Aurora: notas bien marcadas de madera y tostado de la barrica. El último añejamiento se da una vez que se hace el cigarro.

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El torcedor, clave para un cigarro perfecto

Los cigarros se pueden confeccionar a mano, mecanizados o de una manera mixta, es decir, formando el empuño a máquina con tripa y capote y rolando la capa a mano. El torcedor de cigarros tiene un papel fundamental en los procesos manuales. De hecho, dada su relevante tarea en el proceso de elaboración de cigarros rolados a mano, se suele tardar muchos años en ascender a la categoría de maestro torcedor.

Después de los pasos de cultivo de la planta de tabaco, recolección, curado, fermentación, añejamiento y selección de las hojas para la elaboración del cigarro, llega el turno del torcedor de puros, que desarrolla su trabajo en la fábrica, normalmente, en un área amplia e iluminada. Una vez que el tabaco está listo, los pasos que se dan a la hora de torcer un cigarro son:

  • Moldear la tripa: se disponen las hojas de tabaco en forma de cilindro de tal manera que pueda pasar aire para que el cigarro tire al fumarlo y se pueda sentir la mezcla.
  • Colocar el capote sobre la tripa y moldear el cigarro: esta hoja de tabaco sujeta la mezcla del cigarro y tras colocarla, el torcedor moldea el cigarro con la chaveta.
  • Prensar el puro: los cigarros se meten en moldes de diez cigarros y se prensan aplicando presión con una prensa.
  • Preparar la hoja de la capa, cortarla y torcer la capa sobre el cigarro.
  • Elaborar la perilla del cigarro.
  • Cortar el cigarro a la medida correcta y revisarlo.

Para toda esta labor, la primera cualidad que debe tener un torcedor es “conciencia”, según dice el maestro de La Aurora Luis López, quien tras 24 años de torcedor ahora es supervisor de planta. “Yo creo que eso es lo mejor que hay: conciencia para hacer los puros, porque van al mercado; los van a degustar. En la conciencia va todo”, afirma.

López, que lleva en La Aurora desde hace 39 años, explica cómo rolar los cigarros para que estén bien torcidos. “Hay que abrir bien la capa, tenderla bien para rolarlo, acotejar bien el tabaco en la tripa y hacer una buena cabeza. Todo eso hay que hacerlo con conciencia; para que el fumador pueda degustar el puro a gusto”, señala.

El momento más complicado a la hora de rolar un cigarro es al colocar la capa, puesto que, según el maestro López, “se puede estropear un cigarro”. Hay que tener un buen tacto para determinar si un cigarro está mal construido. Esto sucede cuando:

  • El tabaco queda retorcido.
  • El cigarro no está recto.
  • El tabaco está húmedo.
  • El puro tiene baches.
  • El cigarro posee exceso de tabaco o le falta tabaco.

A la hora de fumar, estos problemas se notan mucho, porque si falta tabaco, entra mucho aire y si sobra, pasa poco aire. “Tiene que estar equilibrado para que salga una fumada buena, perfecta”, dice Luis López, quien aprendió el oficio con sus padres, que hacían puros para vender en el mercado local del pueblo.

No todos los puros son iguales en cuanto a nivel de dificultad. A su juicio, el lancero –un cigarro fino y largo– es muy complicado de rolar, por lo que entiende que no lo puede hacer cualquiera. También apunta a los puros doble figurado como muy complejos, con los que se debe tener más cuidado a la hora de rolarlos. Los más fáciles son los más gruesos y un poco cortos, según López.

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León Jimenes Doble Maduro, para quienes desean sabores potentes

Evolución siempre es un concepto positivo. Por ello, La Aurora dio un paso más en su línea León Jimenes cuando creó la versión Doble Maduro. Se trata de una evolución natural de la marca de puros León Jimenes pensada para quienes apuestan por sabores potentes en formatos más gruesos.

Entre los tabacos que lo componen, cabe destacar su capa, hecha con tabaco fruto de semilla cubana sembrada en Brasil, al cual se le denomina CuBra. Esta hoja de tabaco brillante, madura, aterciopelada y con aceites le da al cigarro un “toque más especiado”, por lo que se trata de un cigarro más fuerte, según el Master Blender de La Aurora, Manuel Inoa.

Pero lo más característico es su atractivo color, conseguido mediante una doble fermentación, de donde le viene su apelativo: Doble Maduro. Los aceites del tabaco de la capa Cubra soportan esa doble fermentación, la cual además de conseguir oscurecer el color de la hoja de tabaco, “le aporta esas notas achocolatadas que son primordiales en los cigarros maduro”, tal y como explica Manuel Inoa.

Gracias a esta doble fermentación, el puro León Jimenes Doble Maduro posee una fortaleza mucho mayor que en la referencia Prestige y los cigarros regulares de esta línea, agrega el Master Blender de La Aurora. Su fortaleza es de 7,5, dos puntos más que los cigarros clásicos León Jimenes (5,5).

Además de esa capa Cubra, el capote es tabaco de Brasil y la tripa lleva una mezcla de tabacos del Valle del Cibao (República Dominicana), Brasil, Nicaragua y Perú. Esta combinación le otorgan un “fino equilibrio entre el dulzor y el amargor”, con notas de chocolate y aromas tabaqueros –a cedro y cuero–, con pimienta negra y ciertas notas cítricas. “Es muy de frutos tropicales, predominando notas cítricas rojas, que son muy armoniosas con el chocolate”, apunta Inoa.

Su fumada evoluciona desde una fortaleza media a una un poco más intensa. Esta versión evolucionada de León Jimenes se presenta en distintos tamaños para satisfacer todos los gustos, desde el paladar de los consumidores que apuestan por puros más gruesos hasta el de aquellos que prefieren los cepos más finos. El abanico de modelos León Jimenes Doble Maduro es el siguiente:

  • Gigante: longitud 7” y grosor o cepo 58
  • Chuchill: longitud 7” y grosor 47
  • Corona: longitud 5 ½” y grosor 42
  • Leyendas: longitud 5 ½” y grosor 47
  • Robusto: longitud 5” y grosor 50
  • Ambassador: longitud 4 ½” y grosor 48/60
  • Sumo Short Robusto: longitud 4” y grosor 58
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La planta de tabaco, ¿cuáles son sus mejores hojas?

Como todo buen producto, los cigarros también dependen de la calidad de la materia prima: el tabaco y, por lo tanto, de su fuente, es decir, la planta del tabaco. Oriunda de América, la planta de tabaco, de la especie ‘Nicotiana tabacum’, se siembra hoy en día en todas las partes del mundo.

Perteneciente a la familia de las solanáceas, la planta del tabaco tiene una raíz fibrosa y un tallo recto. En función de su altura, que puede alcanzar los dos metros, la planta puede poseer entre 20 o 30 hojas, que brotan de manera alterna y son lanceoladas, es decir, redondeadas en la parte del pecíolo –donde se unen al tallo–.

A lo largo de la planta de tabaco, que se suele plantar anualmente, se diferencian distintos pisos foliares. Desde el suelo hasta la copa de la planta, los pisos foliares son:

  • Volado: las hojas de este piso foliar se emplean principalmente para ayudar a la combustión del cigarro, al contener pocos aceites, pero tienen muy poco sabor.
  • Seco: hojas que aportan un sabor medio al puro, puesto que poseen aceites y nicotina.
  • Viso: tienen más aceites y fortaleza que las anteriores.
  • Ligero: es la parte de la planta que posee más aceites y aporta más fortaleza al puro.

La Aurora sólo utiliza para sus cigarros hojas a partir del piso foliar seco, es decir, no emplea el tabaco volado, cuya característica principal es la combustibilidad. “El piso foliar seco, el que empleamos en La Aurora, también ayuda a la combustión, pero además aporta más sabor al cigarro”, explica el Brand Ambassador de La Aurora, Wascar Aracena.

Por su parte, los pisos viso y ligero, son en los que está la mayor concentración de fortaleza y sabor de las hojas de la planta de tabaco, por la cantidad de aceite que tiene la planta en la parte superior. “Nosotros hacemos nuestros cigarros con tres pisos foliares: seco, viso y ligero, pero no volado; frente al resto de la competencia, porque queremos brindar unas experiencias diferentes”, resalta Wascar Aracena.

¿Cuál es la diferencia de usar sólo estos pisos foliares? Al hacer la mezcla para los cigarros con tabacos seco, viso y ligero, se aporta más sabor, más aroma y más fortaleza a la fumada. “Cuando utilizamos volado, lo único que nos da es la combustión, pero el seco nos da la combustión y también un poco más de sabor y aroma”, dice el Brand Ambassador de La Aurora.

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León Jimenes, para disfrutar de la capa Connecticut

Una de las máximas de La Aurora es atender los gustos de todos los fumadores. Los cigarros León Jimenes son precisamente eso, una línea de puros para satisfacer las demandas de los consumidores; en este caso, los requisitos de aquellos que optan por una fumada tranquila y elegante. Parte de la responsabilidad de ese tipo de fumada recae en la famosa capa Connecticut que recubre este puro.

Esta línea de cigarros Premium es un tributo a los fundadores de la compañía, por eso lleva los apellidos de sus fundadores: Eduardo León Jimenes –el creador de La Aurora– y su hermano Herminio –quien se encargó de la empresa cuando Eduardo murió en 1937–. En honor a su duro trabajo, La Aurora lanzó en 1987 los puros León Jimenes.

Estos cigarros ofrecen los sabores clásicos que se asocian a la capa de tabaco Connecticut, como, por ejemplo, maderas, cacao, cremosidad o frutos secos, según explica el Master Blender de La Aurora, Manuel Inoa. La capa Connecticut, “muy particular por esas notas de frutos secos que hay en ella”, representa en torno al 16-17 por ciento de la mezcla total, añade el Master Blender de La Aurora.

En sus inicios, los cigarros León Jimenes Connecticut poseían en su tripa únicamente tabacos del famoso Valle del Cibao, República Dominicana; pero posteriormente se les añadió algo de tabaco de Nicaragua para que los sabores y aromas fueran más consistentes. El capote es de tabaco del Valle del Cibao. Con todo ello, la fumada de este cigarro es “suave y sin sobresaltos”, describe Inoa.

Con una fortaleza media, de 5,5, esta línea está disponible en 14 modelos diferentes, muy variados en cuanto a su longitud y grosor o cepo. Son los siguientes:

  • Número 1: longitud 7 ½” y grosor 50
  • Número 2: longitud 7” y grosor 47
  • Número 3: longitud 6 ½” y grosor 42
  • Número 4: longitud 5 9/16” y grosor 42
  • Número 5: longitud 5” y grosor 38
  • Petit Corona: longitud 4” y grosor 38
  • Sumo Short Robusto: longitud 4” y grosor 58
  • Petit Belicoso: longitud 5” y grosor 52
  • Robusto: longitud 5” y grosor 50
  • Leyendas: longitud 5 ½” y grosor 47
  • Torpedo: longitud 6” y grosor 58
  • Belicoso: longitud 6 ¼” y grosor 52
  • Gran Corona: longitud 6 ½” y grosor 50
  • León Jimenes Crystal: longitud 6 ½” y grosor 42
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La Aurora 107, el reflejo de más de cien años de experiencia

Más de cien años de experiencia se notan en cualquier oficio, sector o producto. En la elaboración de cigarros Premium, también. Por ello, cuando La Aurora Cigars cumplió 107 años lanzó al mercado La Aurora 107, un puro que refleja sus amplios años de experiencia, con el mejor equipo humano y hojas de tabaco de una calidad inigualable. Este tiempo dedicado a la fabricación de cigarros sitúa a La Aurora rozando la perfección.

Un ejemplo de ese buen hacer es La Aurora 107, un cigarro nacido en 2010, algo complejo, de fortaleza media que va incrementando hasta un nivel medio fuerte. “Es un cigarro suave al inicio y levemente picante”, según explica el Master Blender de La Aurora, Manuel Inoa. Este experto añade que se trata de un puro “rico en sabores muy tabaqueros, de cuero y cedro; con un aroma profundo a cacao y especias, y una punta dulce de frutas tropicales”.

La Aurora 107 está formado por capa Sumatra Sun Grown, cultivada en Ecuador; capote del Valle del Cibao, en República Dominicana; y tripa de tabacos del Valle del Cibao, Nicaragua, Brasil y Perú añejados durante seis años. Inoa detalla que la capa se llama Sun Grown porque está cultivada al sol, lo que “le da un aspecto algo rústico, pero muy natural, con un color brillante y muy aceitoso”.

Es un puro que combina muy bien con vinos de uva merlot o con uva de tipo tempranillo, pero también con bebidas afrutadas, por los ricos sabores que tiene de cacao y especies, según recomienda el Master Blender de La Aurora. “Va muy bien para la hora de la comida. Es mejor después de comidas que no sean muy especiadas; que no tengan mucho condimento”, aconseja Inoa.

La Aurora 107 está disponible en nueve formatos para complacer a un amplio abanico de consumidores:

  • Salomon: longitud 7 ¼” y grosor o cepo 52/60
  • Gran 107: longitud 7” y cepo 58
  • Lancero: longitud 6 7/8” y cepo 40
  • Belicoso: longitud 6 ¼” y cepo 52
  • Toro: longitud 5 ½” y cepo 54
  • Corona: longitud 5 ½” y cepo 42
  • Robusto: longitud 5” y cepo 50
  • Sumo Short Robusto: longitud 4” y cepo 58
  • 15 Minute Break: longitud 3 ½” y cepo 42
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Visita a la fábrica de La Aurora en el marco del Festival Procigar

La última edición del Festival Procigar, que se celebró del 18 al 23 de febrero, volvió a ser una experiencia maravillosa tanto para los organizadores como para los asistentes, combinando una vez más a la perfección actividades formativas y de ocio. Fabricantes de cigarros, minoristas y consumidores disfrutaron de poder dialogar, fumar juntos y confraternizar en esta cita anual del sector tabaquero que tiene lugar en República Dominicana.

En la agenda del festival, además de las cenas de gala y la subasta en la que se recaudan fondos para una organización sin ánimo de lucro, los asistentes pueden visitar las plantaciones de tabaco y las fábricas de cigarros más importantes del país. En el caso de La Aurora Cigars, las visitas a nuestra fábrica se realizaron los días 22 y 23 de febrero, donde además de conocer todo el proceso de fabricación de los cigarros, se impartió un blending seminar.

En estos tours por la fábrica de La Aurora Cigars, cabe destacar la presencia del exjugador de baloncesto estadounidense Karl Malone, quien disputó 19 temporadas en la NBA y ganó dos medallas de oro en los Juegos Olímpicos, entre otros hitos deportivos. La Aurora Cigars le entregó un balón de baloncesto firmado por más de 200 trabajadores de la compañía involucrados en su proyecto personal.

“Es para todo el equipo de La Aurora que estará involucrado en su proyecto personal un placer poder hacerle entrega de este reconocimiento, el cual simboliza la pasión y la alegría de todos nosotros por poder compartir con usted una de sus muchas aficiones”, dijo el presidente de La Aurora, Guillermo León, durante el acto de entrega de la pelota de baloncesto a Karl Malone.

En el siguiente vídeo, se puede ver un resumen de las visitas a la fábrica que se celebraron en el marco del Festival de Procigar, donde los asistentes pudieron, entre otras cosas, conocer de primera mano el proceso de elaboración de nuestro último cigarro, La Aurora ADN Domincano; desde trabajar el tabaco fruto del proceso Andullo hasta la parte de torcido del cigarro. También se puede ver cómo fue la entrega del balón de baloncesto a Karl Malone.

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Andullo, un proceso que imprime fuerza y sabor al tabaco

Hay una frase que se suele aplicar a diversos sectores e, incluso, ámbitos de la vida: si algo funciona, no lo cambies. Esta máxima podría servir para el proceso tabacalero más antiguo de República Dominicana, el Andullo. Heredado de los antepasados de los dominicanos, este procedimiento artesanal ha perdurado a lo largo del tiempo por las excelentes características que obtiene el tabaco: gran fortaleza y aroma embriagador.

La Aurora Cigars ha querido recoger ese legado cultural y lo emplea en uno de sus últimos cigarros: La Aurora ADN Dominicano. Para la siembra del tabaco que La Aurora Cigars emplea en este método, se seleccionan semillas de variedades originarias de República Dominicana y se escogen las tierras donde se van a cultivar. Cuando la planta del tabaco está lista, comienza la técnica del Andullo, que suele durar un año y consta de las siguientes fases:

  • Recolección: se eliminan las primeras seis hojas de la parte inferior de la planta y sólo se emplean las hojas desde el centro medio alto hasta la corona. Son las que aportan ese grado de fortaleza, sabor y aroma que ofrece el tabaco del Andullo en la fumada.
  • Curado: el tabaco se ata con sartas, que son cuerdas que contienen los manojos de hojas, también llamados gavillas. Se disponen múltiples gavillas –entre 55 y 60 manojos– formando las sartas, con una longitud de tres metros. Se cuelgan las sartas en las casas de curado durante dos semanas para que las hojas adquieran más flexibilidad a la hora del despalillado y se doblen con facilidad, adaptándose a la forma cilíndrica del Andullo. El tabaco pasa de verde a amarillo.
  • Despalillado: se bajan las sartas y se despalillan las hojas, con la extracción de ¾ partes de la vena central de la hoja. Entonces, se pesa el tabaco, siendo la cantidad ideal para el Andullo de entre 30 y 32 libras (de 13,5 a 14,5 kilogramos, aproximadamente).
  • Confección: se coloca el tabaco en yaguas –hojas del árbol de la Palma Real, típica de las Antillas Mayores–, con un tamaño de entre 1,5 a 2 metros. La propia yagua facilita los procesos de curación y fermentación, ya que al ser un material orgánico permite la transpiración del tabaco.
  • Amoldamiento: se pone el tabaco en el interior de la yagua y se enrolla, comenzando la fase de apretado o prensado para facilitar su fermentación y curación. Una vez enrollado el tabaco dentro de la yagua, se aprieta mediante el uso de sogas que lo sujetan. Se necesitan al menos cinco apretadas hasta que el tabaco se seca por completo. Si en algún momento del proceso se daña la yagua, se sustituye.
    Entre la primera y la segunda apretada, pasan unas tres semanas, aunque es posible desatarlo antes si se detecta que posee mucha humedad, ya que el tabaco presentaría manchas por exceso de agua. En la segunda apretada, se verifica el proceso de fermentación, la cantidad de agua y las mieles procedentes de los aceites de la yagua.
    A partir de la segunda apretada, se desata y se aprieta de nuevo, una vez al mes hasta completar esas cinco apretadas. En esta fase, el tabaco recibe oxígeno y se va compactando. Las apretadas facilitan que la curación y la fermentación sean homogéneas. En estos procesos no se genera calor, sino que es en frío.
  • Añejamiento: tras la última apretada, comienza el añejamiento, en el que el tabaco termina de secarse y se asientan las características de sabor y fortaleza. El resultado es una pasta dura de trabajar, que se puede emplear para mascar, fumar en pipa o para cigarros.

 

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Fumar un cigarro, una ceremonia para disfrutar

Fumar un cigarro nada tiene que ver con fumar un cigarrillo. Las prisas con las que uno se enciende y consume un cigarrillo están muy lejos del tiempo que se emplea para degustar un cigarro Premium. “El cigarro es enemigo de los problemas y de la prisa. El cigarro es pasión en la fumada, es enamorarse, es lo más cercano a enamorarse porque se utilizan los cinco sentidos”. Así define el Brand Ambassador de La Aurora Wascar Aracena cómo debe ser el acto de fumar un cigarro Premium.

Y es que para captar por completo la configuración de un cigarro hay que hacer uso de los cinco sentidos:

  • Oído: para detectar el grado de humedad y saber si se puede encender el cigarro en ese momento o no.
  • Tacto: para acariciarlo y sentirlo, con el fin de verificar que no tenga baches o bultos, porque estos varían la fumada.
  • Vista: para ver la sedosidad, el brillo, las venas del tabaco…
  • Gusto: las papilas gustativas detectan en el humo las sensaciones que nos evoca ese cigarro: notas dulces, saladas, amargas etcétera.
  • Olfato: además de las fosas nasales –donde se detectan notas y matices del cigarro–, el gran fumador de cigarros debe en algún momento emplear la vía retronasal (boca/nariz) porque es lo que permite identificar la verdadera fortaleza del cigarro y los aromas del tabaco.

Una vez hemos inspeccionado que el cigarro carece de daños o imperfecciones, se realiza un corte de entre 1 y 2 milímetros con un utensilio adecuado para el cigarro escogido en esa primera pequeña capa que le coloca el maestro torcedor arriba. Después, hay que colocarse el cigarro en la boca para verificar el tiro, es decir, la capacidad de absorción que nos da (cada persona tiene una capacidad de absorción diferente: a algunos les gusta suave, a otros medio-alto), pero también para identificar de qué está hecho el tabaco. “Ya nos empieza a hablar; ya se saborea”, dice Wascar Aracena.

Entonces, llega el momento de encender el pie del cigarro. Cuando la combustión de la llama es con gas, lo ideal es no pegarlo para que no se achicharre el cigarro ni se sobrecaliente. Para prenderlo, hay que girar el cigarro sobre la llama, de forma que el tabaco que una vez fue marrón o negro comienza a transformarse en un punto luminoso, momento en el que ya se puede llevar a la boca. Es posible soplar suavemente para ver las brasas y asegurase de que se quema uniformemente.

Para disfrutar completamente de un cigarro, es importante:

  • Elegir bien el sitio en el que se va a fumar, una cuestión relevante para decidir el tamaño y la fuerza del cigarro; y tener en cuenta el tiempo del que se dispone para fumarlo, disfrutarlo y poder terminarlo.
  • Tener las manos limpias y sin perfume, puesto que se puede traspasar al cigarro y alterar sus sabores y aromas.
  • Fumar desde distintos ángulos de la boca para sentir todos sus componentes, puesto que en cada parte de la lengua se detectan unos sabores: atrás amargo, en los laterales traseros ácido/agrio, en las partes delanteras los toques amargos y en la punta, lo dulce. En el centro, se siente el quinto y último sabor descubierto, umami.
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La Aurora ADN Dominicano cumple un año

Nuestro cigarro La Aurora ADN Dominicano cumple un año en el mercado. Desde su lanzamiento en febrero de 2017, quienes hayan fumado este cigarro habrán podido degustar el tabaco del Andullo, empleado en la liga de este cigarro. Con el uso de este tabaco difícil de trabajar, La Aurora ha querido hacer honor al proceso tabacalero más antiguo y parte esencial de la cultura del tabaco de la República Dominicana.

Este cigarro se lanzó hace un año, en febrero de 2017, en República Dominicana. Posteriormente, se presentó al mercado estadounidense en julio de 2017, en el marco de la feria IPCPR (‘International Premium Cigar & Pipe Retailers Association’) que se celebra en Las Vegas, Estados Unidos. Finalmente, se dio a conocer al resto de mercados en la feria InterTabac, (‘The International Trade Fair for Tobacco Products and Smoking Accessories’) que se tiene lugar en Dortmund, Alemania.

El proceso del Andullo da como resultado un tabaco con unas características de sabor y fortaleza muy peculiares y único en la fabricación de cigarros, puesto que su fuerza, aroma y dulzura inspiradores, combinados con una mezcla bien equilibrada, proporciona una experiencia de fumar completamente excepcional.

En concreto, la capa del cigarro La Aurora ADN Dominicano procede del Valle del Cibao, principal fuente del tabaco de República Dominicana; el capote está hecho con tabaco de Camerún, África, y la tripa está compuesta de nuevo por tabacos del famoso Valle del Cibao, Pennsylvania (Estados Unidos), Nicaragua y del Andullo.

La Aurora fabrica y comercializa este cigarro en cuatro tamaños distintos: La Aurora ADN Dominicano Churchill (7 X 47); La Aurora ADN Dominicano Gran Toro (6 X 58); La Aurora ADN Dominicano Robusto (5 X 50) y La Aurora ADN Dominicano Toro (5 3/4 X 54).

FABRICADO CON TABACO DEL ANDULLO

El tabaco fruto del proceso del Andullo es sumamente especial y único porque para su confección se seleccionan semillas de variedades originarias de la República Dominicana y se eligen las tierras en las que se va a cultivar. De la planta, se escogen para elaborar el tabaco mediante el proceso de Andullo únicamente las hojas del centro medio alto hasta las coronas, que son las que dan ese grado de fortaleza, aroma y sabor que se sienten en la fumada.

Para el proceso de secado de estas hojas, las mismas se amarran en sartas en las casas de secado durante dos semanas. Posteriormente, durante el despalillado, se extraen tres cuartas partes de la vena central de las hojas y se colocan en yaguas –alargamientos de las hojas del árbol de la Palma Real, una planta de las Antillas mayores–, de 1,5 a 2 metros, donde se curan y fermentan.

A partir de ahí, comienza el proceso de amoldamiento del tabaco, que consiste en ir enrollando el tabaco del Andullo con al menos cinco apretadas. En cada apretada, el tabaco recibe oxígeno y se va compactando, además de hacer que la curación y fermentación (en frío) sean homogéneas. Después, comienza el añejamiento, en el cual el tabaco termina de secarse y se asientan sus características.

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